El grifo está ahí, llueva o
truene siempre está ahí. En verano a veces los niños se acercan y le extirpan
vida, le extirpan utilidad. En invierno y otoño, e incluso en primavera quizá,
simplemente está ahí.
El grifo no es más que un grifo,
un caballero de amarillo de extraña nariz que vive su vida varado en una
esquina. Un caballero sin alma, sin frío, sin calor, sin una señal de auxilio
ni gratitud; es un grifo ¿quién escribe sobre un grifo?
Ahora, poned un sombrero al grifo
¿Le habéis dotado de personalidad? No, no podéis dar vida al hombre de
amarillo, aunque lo desee él, aunque lo deseéis vos, aunque os dé pena el grifo
seguirá siendo un grifo. Aunque os dé pena, el hombre seguirá siendo un hombre,
estancado en la mortalidad hasta que deje de ser hombre y forme parte de un
todo, hasta entonces, no es más que un grifo varado en una esquina, un grifo
con sombrero, dotado de una limitada cantidad de agua.

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