lunes, marzo 10

Marzo 10.- Noche.

Con el pecho oprimido se subió al auto bus. La mirada compungida que intentaba desviar del rostro común de los pasajeros mientras observaba cómo la lluvia golpeaba la ventana. Las emociones saltaban y se alborotaban en su pecho, mas llorar estaba prohibido; llorar no precisa de espectadores. Sabía bien que no mucho duraría la conmoción que intentaba desbordar por su garganta, mientras su mente repetía una y otra vez los mucho defectos que la hacían una persona foránea a la realidad misma que habitaba en su propia esencia. "No, ella está equivocada. Yo, sin embargo, estoy en lo correcto" se repetía para sus adentros. "Ella no pretendía ordenar. Lo único que hace es esconder las cosas en lugares recónditos en que no le estorben. Ella no ordena; ella esconde. Sí. Eso debe ser." Pensaba mientras el bus comenzaba a avanzar.
De a poco el mar volvió a la calma y su ojos comenzaron a cerrarse, más a la fuerza que por gusto; pero no lograba conciliar el sueño. Los ecos de la discusión reciente aún retumbaban para sus adentros. Tomó un el libro que llevaba en su bolso y leyó lo más concentrada que pudo. Más no podía hacer.