martes, mayo 26

Orcos atacan la Comarca.

Hice parar el colectivo y me subí. En realidad nunca tengo claro de donde bajarme - "ahí donde dobla" - "¿Me deja en la esquina?"- y así. Apenas me bajé tomé conciencia de que el viaje había sido en vano, apenas me bajé ciertamente porque entonces mi celular sonó de manera distinta. 
Hice todo normal para jugar a que era alguien diferente. Almorcé sola y estudié. Me probé ropa y fui a comprar lo que quería, todo a mi ritmo. Después le dije al micrero "¿me lleva por doscientos?" y accedió sin mayor reparo. Creo que no me miró. Me senté casi atrás. Vine a la casa y estudié un rato mientras tomaba té. 
Es como un resumen de parte de mi día que me resultó extrañamente ajeno a la cotidianidad. No es algo inusual que pase tiempo conmigo, sólo que no deja de sentirse extraño tener tanto tiempo para pensar. 

Ps: Los pensamientos se hacen pesados, los recuerdos desagradables y yo sólo espero tocar fondo. De a poco te siento distante, de a poco dejo de cuestionarme las cosas. Entiendo ahora que nada de esto es posible bajo ninguna circunstancia, porque aunque yo tenga una idea muy anormal de libertad asociada más bien a un estado de bienestar variable en que soy capaz de sentirme en paz con las cosas que hago y dejo que los demás vivan sus alegrías sin que mi felicidad pasada deba condicionar en lo más mínimo su presente, no todos aprecian esta forma de motivación anímica con miradas de aprobación. Yo me lo cuestiono y entiendo que si no es simple, lo más probable es que no lo valga. 
¿Es todo esto real o sólo jugamos a las causalidades? Sí, causalidades. Oportunista, te diría. Amoral, nos dirían. Mala amiga, me digo a diario. ¿Tú cómo lo llamas? ¿Lo llamas? ¿Piensas en eso en algún momento del día o sólo cuando te asalta la soledad? 

No me cuestiono qué está pasando, porque al parecer emocionalmente pasa nada. Por mi parte, tengo emociones encontradas muy de vez en cuando, pero cada vez el malestar se apodera de mi conciencia y yo sólo me dejo llevar por la corriente. 

domingo, mayo 24

Los idos también sueñan.

Soñé que tenía veintiún años. Lo soñé ayer, antes de ayer y así desde hace poco menos de un año hasta hoy. Los días pasaban efímeros y yo sólo los veía partir. Los cuerpos que estreché, los brazos que extendí, las manos que tendí y los besos que arrojé; todo se iba con el tiempo, todo lo veía partir. El eco de las palabras que se hacían de mi mente, las remembranzas en vano, las horas que intenté medir y precisar; todo lo veía partir.

Soñé que tenía veintiún años. Lo soñé ayer y hoy lo he soñado también. Los labios que arroparon tus besos pronuncian vocales ininteligibles, y yo las escucho y saboreo mientras las veo marchar. Me despido de ellas, me despido de las consonantes y me despido del tiempo que yace ante mí. Los segundos, las horas, los días y nuestras vidas. Todo se aleja y yo lo veo partir.


Soñé que tenía veintiún años, pero no fue más que un sueño porque también los he visto partir. 

jueves, mayo 7

El otro día.-

Quiero comenzar con la palabra "porque", porque no se trata de buscar respuestas al cómo.

Porque hay un montón de cosas que quiero decirte y quería estar ahí "por siempre y para siempre", ¿sabes? Y pienso que ahora no se va a dar el tiempo porque diste el paso que marca un antes y un después. Pienso que todas las cosas que dijiste o intentaste decir son mentira, que todo era mucho más simple en tu cabeza de lo que realmente querías decir. 

No logro entender cómo para ti es todo mucho más fácil de lo que es para mí. Siempre creí que estabas más en la relación, pero fuiste tú quien dio el paso y yo me quedé estancada esperando a que lo dieras conmigo. Honestamente no quiero aventurarme a decir que me pedirás que volvamos, porque quizás este "tiempo" en el que estás solo pudiste haberlo tomado sin decirme y luego simplemente decidir si estabas o no listo para continuar. Dar "un tiempo" no es más que pedirle al otro que se quede con la idea de que podrán estar juntos y no es así. 

Te amaba, y pienso que aún lo hago.

Marzo 29.