Soñé que tenía veintiún años. Lo
soñé ayer, antes de ayer y así desde hace poco menos de un año hasta hoy. Los
días pasaban efímeros y yo sólo los veía partir. Los cuerpos que estreché, los
brazos que extendí, las manos que tendí y los besos que arrojé; todo se iba con
el tiempo, todo lo veía partir. El eco de las palabras que se hacían de mi
mente, las remembranzas en vano, las horas que intenté medir y precisar; todo
lo veía partir.
Soñé que tenía veintiún años. Lo
soñé ayer y hoy lo he soñado también. Los labios que arroparon tus besos
pronuncian vocales ininteligibles, y yo las escucho y saboreo mientras las veo
marchar. Me despido de ellas, me despido de las consonantes y me despido del
tiempo que yace ante mí. Los segundos, las horas, los días y nuestras vidas. Todo
se aleja y yo lo veo partir.
Soñé que tenía veintiún años,
pero no fue más que un sueño porque también los he visto partir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.