domingo, mayo 24

Los idos también sueñan.

Soñé que tenía veintiún años. Lo soñé ayer, antes de ayer y así desde hace poco menos de un año hasta hoy. Los días pasaban efímeros y yo sólo los veía partir. Los cuerpos que estreché, los brazos que extendí, las manos que tendí y los besos que arrojé; todo se iba con el tiempo, todo lo veía partir. El eco de las palabras que se hacían de mi mente, las remembranzas en vano, las horas que intenté medir y precisar; todo lo veía partir.

Soñé que tenía veintiún años. Lo soñé ayer y hoy lo he soñado también. Los labios que arroparon tus besos pronuncian vocales ininteligibles, y yo las escucho y saboreo mientras las veo marchar. Me despido de ellas, me despido de las consonantes y me despido del tiempo que yace ante mí. Los segundos, las horas, los días y nuestras vidas. Todo se aleja y yo lo veo partir.


Soñé que tenía veintiún años, pero no fue más que un sueño porque también los he visto partir. 

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