Cuando estás drogado todo tiene
un toque de magia. El glorioso sexo, las sonrisas eternas, la talla más fome se
convierte en un stand up comedy en tu formato favorito. La gente, los
recuerdos, las vivencias y cada trocito
de vida que ahí avocas, ya sabes, la droga es maravillosa, aún sin especificar.
Cuando estás drogado y enamorado,
la cosa es distinta. Pero y si te enamoras estando drogado, ¿de qué te
enamoras? ¿Del efecto que en ese momento te produce tu compañero o de tu
compañero? Claro, tienes más tiempo de apreciar sus detalles, el tiempo
comienza a detenerse, sus ojitos parpadean más atractivos, porque, ya sabes,
estás drogado y todo es atractivo en ese estado. Aprecias, aprendes, agilizas
la mente y la ralentizas para percibir mejor el momento. Él te observa,
detenidamente y quizás, bajo los mismos efectos. El nivel de empatía tiende a
aumentar en estas situaciones – deberíamos estar todo el tiempo drogados, nos
hace mejores personas tal vez – y te vuelves cómplice del desconocido, y te
vuelves tu cómplice también, porque sin inhibiciones, te vuelves tú. La
sonrisita, el jiji, el jaja, el ya, el día que se hace noche, y la noche que se
hace acogedora; la tarde que se hace mañana, y la mañana un caminar sonriente.
Entonces te enamoras en serio, y la droga comienza a ser otra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.