lunes, agosto 17

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Está llorando porque la partida es casi inminente. Él la ve a la cara e intenta decirle que quizás sea la mejor manera de darle un buen final a algo que desde un inicio anduvo mal. Sabe que se equivoca, en el fondo nunca se sintió del todo normal enfrentándola a diario, pensando que ella debería cargar con el peso de su enfermedad. Siempre fue buena con él, y aunque fuera su deseo el estar presente, no lo merecía, no quería que tuviera un final triste. Si desde un indicio había andado mal, había sido porque se habían conocido en un grupo de apoyo, y él se acercó amablemente a decirle que contara con él, aún cuando no la conocía. 
- Prometiste que estarías en las buenas y en las malas conmigo. ¡Lo prometiste!. 
Él la ve a los ojos, molesto, no es la primera vez que le grita lo mismo.
- Lo dije cuando no sabía que sería yo quien estaría "en las malas". De cierta manera esperaba que fueras tú a quien debía apoyar. ¿Acaso no entiendes lo injusto que es esto para ti? ¿Para mí? ¡Para ambos en realidad! Va más allá de nosotros, es algo más bien mío. 
- Pero yo quiero estar ahí cuando ocurra.
- Querida, es simple. Yo no quiero que estés ahí. No mereces estar en ese momento de tristeza, porque tú sólo me has dado alegrías. 

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