En el sur de Chile, en una de
aquellas noches que llamamos “de invierno”, pareciese que el cielo se ahoga en
llanto por quienes no pueden hacerlo. En un mundo, donde poco se atreven a
llorar cuando realmente es el momento – es necesario –, se anida la naturaleza
en el esplendor que denominamos vida, y esta, cuando tiene una gran pena, o
siente una gran nostalgia, se dedica a llorar en forma desconsolada, noches y
días enteros. Nos abocamos al recuerdo de una de esas noches, porque durante el
día, con tanto y mucho que hacer en la rutina, olvidamos con frecuencia que
otros llegan a tener sentimientos, y sólo en la noche, cuando tenemos el tiempo
de descansar (quienes pueden contar con este momento de paz), podemos
finalmente fijar nuestros pensamientos “más allá de lo evidente”. Es en este instante,
en que la mente se aboca al recuerdo y nuestros pensamientos se enfocan en el
“qué hubiese sido si” o el “qué sucedería si”, nos hacemos algo empáticos quizá,
y recordamos – sólo al final del día – que somos humanos al fin y al cabo.
Nota: la imagen es una referencia a la lluvia.
Nota 2: En el sur de Chile no habita Snoopy (no que yo sepa) 
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