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hambriento de sangre
y a mi corazón elástico
alguien puso un impermeable.
El aire era un vaho fétido,
húmeda peste infectante,
y a mi corazón famélico
alguien dio un desodorante.
Un dios que era hidrocefálico
degollaba desiguales;
y a mi alma, que era bicéfala,
alguien la hizo invulnerable.
La calle era un río de vómito,
de espuma espesa y vinagre,
mi cuerpo ansiaba un vehículo,
y alguien le pagó el pasaje.
Y alguien que hizo que mi pena
pesara como una pluma
y depositó mis huesos en un fragmento de espuma
y me inscribió a un Kindergarden
en los cuernos de la luna....
alguien que llegó y se fue
(violetas sobre mi tumba)."
Jose M. Quintero.

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