Un día cualquiera me levanto, me miro al espejo y me encuentro fea. El día sigue; a nadie, ni a mí, le afecta el cómo me sienta.
Un día cualquiera me levanto, me miro al espejo y me encuentro linda. Puede que llueva, que haga frío o incluso que haya sol; ese día es mi cara contra el mundo, pero con el mundo somos amigos.
Un día cualquiera me levanto, no me miro al espejo y me es indiferente el cómo me veo. Pienso en las cosas que debo haber y no hago, me deprimo por no hacerlas. Al final del día pienso en lo que he hecho mal, y concluyo que el problema es lo que no he hecho.
Un día cualquiera me levanto y comienzo a hacer lo que ese día quiero o debo hacer. Porque sí, porque puedo, porque tengo ganas de "ser yo" ese día.
Un día cualquiera, antes de acostarme, pienso que todos los días soy yo.
Un día cualquiera antes de acostarme pienso en lo que debo hacer mañana. Un día cualquiera antes de acostarme, pienso en las cosas que temo del mañana. Un día cualquiera antes de acostarme pienso en aquellas a quienes no conoceré y que por diversos motivos no pueden pensar en ellas antes de acostarse.
Un día cualquiera me despierto, tomo un conciencia de lo que soy y me levanto por mí y por todas mis compañeras.
Nota del autor: Todos los días soy mujer. No todo el día soy conciente de lo muy mujer que soy, porque sí, para mí ser mujer es muy distinto a ser hombre. No, no me creo una víctima; yo no soy víctima. Quizás pueda alguien pensar en lo absurdo que es darle vueltas a estos asuntos, pero dada mi negatividad, tiendo a pensar que esas mujeres que sufren podría ser yo más adelante. Egoistamente me siento aliviada de no ser yo la mujer violada por haber ido a un carrete y haber intentado volver a su casa sola... Soy mujer. Soy vulnerable. Algunos días más que otros. Pero lo que me hace vulnerable no es mi cuerpo débil en comparación a otros, sino la soledad de saberme sola entre otras mujeres.
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