Desde el momento en que seguí en
forma desesperada un bus que no era el mío, en un horario que no era el que
indicaba el pasaje que yo portaba y que además, ni siquiera era la empresa de
buses en la que debía viajar; debiste notar en forma inmediata que lo mío era
una locura crónica. Recuerdo con vergüenza ese momento, porque no logro
entender porqué no miré la hora antes de que se fuera el bus, porqué salí a
buscar explicaciones sin siquiera detenerme a mirar el pasaje, porqué
simplemente corrí hacia una máquina verde de dos pisos y luego a la oficina de
la empresa equivocada, a quejarme por el bus que se había ido sin mí, que por
cierto era un bus sin pasajeros y las luces apagadas – oh sí, en ese bus
esperaba viajar yo ¡Qué despistada y extraviada en el mundo estoy! –.
Oh hermoso caballero, si llegases
a imaginar la enorme vergüenza en que debo sumergir mi mirada desde entonces
cada vez que me dirijo a ti, esperando que no recuerdes ese degradante momento,
de seguro me mirarías a los ojos, me abrazarías, y ni eso lograría curarla de
espanto. Desde ese instante, ese que atesoro porque, aunque es quizás el más
humillante que he vivido junto a ti, supe que lo nuestro sería más que cariño o
pronta costumbre, sería paciencia y comprensión. Yo, que jamás me atreví a
pronunciar del todo convencida la palabra amor; que temo al vano compromiso que
implica “andar”; que me siento prisionera de un casamiento en las redes
sociales, incluso si es con alguien de mi mismo género y nuestra legislación no
lo permite; descubrí que lo nuestro era más que palabras, porque sería nuestro,
y aunque cada historia sea distinta y sui generis, esta historia sería tan
propia que estoy dispuesta a portarla tal cual antorcha en una cueva empastada en
diamantes.
Hoy, que es un día distinto al
ayer y desigual al mañana, me encuentro escribiendo palabras que no esperé jamás
escribir, no sólo porque no las imaginaba, no las poseía o jamás me quisieron
visitar, sino también porque el miedo era muy grande para invitarlas. Hoy, con
la mayor de las alegrías, reitero desde lo más profundo de mi corazón (de
puerquito, cabe destacar) que has tocado mi mente – y trastocado a la vez -,
estimulando la liberación de neuro receptores que creía extintos (e incluso inexistentes)
en el alma humana, que pensé eran la parte instintiva y dormida que debía
resguardar la profundidad del ser, y los has estimulado a tal punto, que me he
vuelto un ser repetitivo y monótono, que piensa a cada instante que te quiere
un poco más, y agradece – lo que es extraño para los hombres de nuestra
generación “Y” – tu compañía a kilómetros de distancia, que escolta en lo
insondable de mi alma, a ese sentimiento que creí que no existía.
Sé que nuestro pasado no está
enlazado, y entiendo los riesgos que implica quizás no vivir tantos recuerdos
como has almacenado a partir de otras circunstancias y con otras personas, pero
hoy “por mí no tengo miedo, nada va a faltar. No habrá sorpresas, (y) tal vez
siga adelante si el cielo va a estallar”; es más que eso. Nuestro presente, que
es ahora claramente, es nuestro y es nuestra historia (no sabes la manera en
que un jurista defiende el derecho de la propiedad), no es tuyo ni mío, es
nuestro. Y nuestro mañana quizás tampoco esté ligado, pero ¡Qué hermoso es vivir el hoy a tu lado!
Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias. Si te digo que eres el mejor,
supongo que mentiría, porque para mí eres más que eso.
Si alguien llega a quererte luego
de la manera en que lo hago hoy, espero que intente hacerte más feliz de
lo que yo me he propuesto hacerte.
Te quiero mucho, mi negrito
hermoso.
Te quiero mucho, Yeison.
Ps: Te preguntarás (quizás) porqué repetir dos veces “Te quiero mucho”, con lo que podría sucederse por un sinónimo relativo a un mismo sujeto, pero ciertamente el “negrito hermoso” representa el coloquio referencial a nuestras personas – negrito, negrita –. Yeison en cambio, es mucho más amplio, porque además de valorar enormemente lo que somos en conjunto, no olvido que la singularidad de tu persona es en extremo relevante a la hora de aludir a el hombre que no sólo con su amor me llena de felicidad y gratitud, sino también con su existencia. E individualizo al sujeto con el fin de que se sienta identificado no sólo en el mundo que construimos para nosotros, sino también en real, porque “este chico” es más grande de lo que cree y llegará a entender jamás.
Ps: Te preguntarás (quizás) porqué repetir dos veces “Te quiero mucho”, con lo que podría sucederse por un sinónimo relativo a un mismo sujeto, pero ciertamente el “negrito hermoso” representa el coloquio referencial a nuestras personas – negrito, negrita –. Yeison en cambio, es mucho más amplio, porque además de valorar enormemente lo que somos en conjunto, no olvido que la singularidad de tu persona es en extremo relevante a la hora de aludir a el hombre que no sólo con su amor me llena de felicidad y gratitud, sino también con su existencia. E individualizo al sujeto con el fin de que se sienta identificado no sólo en el mundo que construimos para nosotros, sino también en real, porque “este chico” es más grande de lo que cree y llegará a entender jamás.
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